La importancia del autocuidado para cuidar

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La importancia del autocuidado para cuidar

El cuidado de otra persona, es un darnos al otro desde el amor, la compasión y la entrega. Es poner al servicio del semejante lo que llevamos dentro.

Si buscamos en el diccionario, encontramos que el significado que nos da es “poner atención a algo o a alguien”. Por tanto vemos que es un proceso activo, que requiere de nuestra voluntad. Si seguimos profundizando, es una palabra que proviene del latín “cogitare”  que quiere decir “pensar” o incluso, también significa “meditar” Como vemos, si unimos todo lo que nos encontramos hasta ahora, es poner atención, pero no de una forma cualquiera, sino que el pensar está presente, y quedando así presente que para poder cuidar, hay que sentir al otro poniéndole atención, pensando para entender lo que hemos sentido que necesita y meditando en cuál y cómo será nuestra actuación. Por último, la voluntad, que también está siempre presente en este proceso y que culmina llevando a cabo lo cuidados que vamos a aportarle al paciente y siempre desde el respeto al mismo.

Si observamos todo este proceso, existe un camino interno del cuidador. Un proceso que debe desarrollarse con atención y observación plena, y que es necesario por tanto, que también exista un autocuidado, pudiendo poner atención, pensando y meditando qué está pasando dentro de sí mismo, según la información que viene del ser que tenemos enfrente y que requiere de nuestros cuidados. ¿Por qué con esta o aquella paciente, me siento más o menos incómoda que con el otro u otra? ¿Por qué me agrada o me desagrada más esto o lo otro en mi práctica del cuidado?

Algunas preguntas más que pueden surgir en dentro de nosotras y nosotros, y que te invito a observar cuando estés enfrente del ser al que acompañas: ¿Cómo me siento yo cuándo recibo lo que esta persona me está transmitiendo? ¿Cuáles son los pensamientos que están aflorando en mí? ¿Cómo es mi forma de estar y de actuar ante esto que me llega?

Por tanto, es fundamental el autocuidado.

Si nos vamos a entregar, tenemos que saber qué llevamos dentro. Debemos conocer qué es aquello que yo contengo y, desde ahí, hacer la entrega al otro. Entender que nosotras también estamos en un proceso de crecimiento interior, con un camino, que no es el del paciente, pero que a la vez nuestros caminos se han encontrado para poder seguir creciendo. Debo ser sincera conmigo, trabajar hacia mi propia coherencia, para poder entregarle mi ser más genuino, compasivo y lleno de amor.

No puedo dar lo que no contengo, y por tanto, es necesario observar  cuánto y de qué tengo, para “llenar mis arcas” derramarme de mí y desde ahí poder entregar. Entregar desde la abundancia, y no desde la escasez de mi propio ser. La persona que tengo enfrente, necesita salud, y es desde esta abundancia propia interna, con matices dorados, que es mi responsabilidad como enfermera, entregarle sin vaciarme, y que así, la abundancia se multiplique.

Pongamos un símil para tal vez entender mejor aquello que quiero transmitir. No puedo dar una cajita de oro si no la tengo. Primero deberé adquirirla y todo el proceso anterior que ello conlleva, además de tener claro el para qué quiero tener esa cajita de oro. Si esta cajita de oro, es donde yo guardo mi salud, deberé siempre tener una en mi “haber” y además adquirir una más, igual de genuina que la anterior, para poder entregarla al necesitado. Como ves, hay un gran recorrido interno en primera instancia a recorrer ¿Qué me aporta beneficioso para mí en primera instancia, y para mi entorno el tener una cajita de oro?

Desde ahí puedo encontrar mi fuerza, mi esencia, mi coherencia y poder aportarle al otro mi más sincero y verdadero ser. Debo respetarme y conocer cuáles son mis límites y cómo los pongo. Aquí vuelvo a dejarte una serie de preguntas que te inviten a la reflexión.

Ahora mismo, en este mismo instante ¿Me estoy respetando? ¿Dónde pongo el límite? ¿Cómo o de qué forma lo pongo? Esto nos ayudará no solo a no perdernos, sino que también ayudaremos al propio paciente a encontrarse a sí mismo.

Desde la enfermería antroposófica, la mirada paternalista queda fuera, confiando y creyendo en que el paciente tiene todo en sí para comenzar su proceso de sanación, el cual es un proceso natural del organismo para ponerse en las mejores condiciones posibles, aunque ello no siempre conlleve a la curación. Que llegue a la paz, al encuentro consigo mismo, a la coherencia interior y a la armonía con la tierra y el universo. Acompañarle a que sea capaz de “ponerse atención” y desde ahí “pensar” y “meditar” para poder llevar a la voluntad aquello que es necesario hacer para caminar hacia la sanación. Nosotras aportaremos esa mano, que ayuda, a veces guía, pero sobre todo acompaña, a que la persona, encuentre el camino interior

De esta forma, tengo otro acercamiento con la persona que cuidamos o acompañamos. Un acercamiento más empático y compasivo, con una mirada diferente hacia él o ella. Conseguimos así, un verdadero acompañamiento respetuoso, en donde vemos a un ser igual que nosotros con su camino a recorrer, y por tanto, creemos en él, en que él podrá con su carga, con lo que se le ha presentado para poder evolucionar. Nosotras le daremos la mano para que vaya encontrando los caminos que su Yo le indique. Acompañaremos hacia el encuentro con su propio guía interior.

Con este tipo de mirada, la relación con el o la paciente, cambia completamente. No es que no podamos tener conflictos, pero los entenderemos de otra forma y por tanto los abordaremos también desde otro lugar. Será, un verdadero encuentro de almas en un proceso de sanación.

 

Arantza Bethencourt

Por | 2021-05-10T09:15:53+00:00 mayo 10th, 2021|Sin categoría|Sin comentarios

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